Caso
Lis tiene 7 años, desde que era bebé tenía dificultades para dormir. Recientemente fue diagnosticada con reflujo. Casi toda su vida durmió con muchas almohadas y a veces en el sofá de su casa, casi sentada, para evitar la acidez. Esta falta de reposo durante la noche retrasó su rendimiento físico y cognitivo casi todos los días debido a la falta de sueño. Ella fue remitida también a fisioterapia y ergoterapia con el fin de mejorar su calidad de vida.
Dormir bien tiene muchos beneficios, sobre todo a temprana edad, cuando el cerebro está en pleno desarrollo. Por ello te recomendamos seguir estas consignas con tus hijos para ayudarlos a mantener una buena higiene de sueño y alimentación:
Los niños/as de 4 a 12 meses deben dormir entre 12 y 16 horas. Los de 1 a 2 años entre 11 y 14 horas. Los de 3 a 5 años entre 10 y 13 horas. Los de 6 a 9 años entre 9 y 10 horas. Los de 10 a 13 años 10 horas mínimo.
Aparte del tiempo de descanso, se debe tener una dieta balanceada, rica en hierro, calcio, vitamina C y D. Cabe recordar que la leche aporta triptofano, un elemento químico que promueve la fabricación de melatonina.
Las meriendas pueden estimular el aparato digestivo para abrir el apetito o a veces provocar somnolencia en periodos inadecuados. Entonces, se debe elegir cuidadosamente el menú del día, incluyendo las meriendas livianas antes de ir a dormir.
Se recomienda tomar una merienda entre el desayuno y el almuerzo a las 10h00, otra a las 3h00, un buen almuerzo a las 12h00, una cena cargada entre las 17h00 y las 19h00 y otra merienda entre las 19h30 y las 20h30. Ajustando el tiempo al tiempo de descanso de cada quien y a las costumbres del país.
Antes de ir a dormir se puede comer o tomar: banana, cerezas, avena, leche caliente, cereal sin azúcar, barras de granola, frutas con bajo contenido en azúcar.
Se debe evitar el consumo de alimentos altos en grasas o azúcares antes de ir a la cama. Tales como:chocolate, jugos, galletas dulces, té.