Caso:
Pablo se siente muy mal. Está arrepentido, él quisiera regresar el tiempo para haber reaccionado de otra manera. Se siente culpable de haber gritado a sus padres en la cena de la noche anterior. El motivo fue que su madre le sirvió pescado y a él no le gusta. Cuando su padre le entregó el plato, él lo lanzó al aire y la comida cayó al piso.
Consejos:
Ayudarlo a reconocer sus reacciones, recordándole los síntomas físicos, sus gestos y las emociones asociadas.
Recordarle que todos tenemos emociones, solo que debemos revisar si nuestras reacciones son adecuadas o proporcionales a las situaciones.
En momentos en que las emociones se viven de forma dolorosa o frustrante, se debe recordar que aunque se vivan experiencias decepcionantes, también nos permiten aprender algo nuevo. Además de una oportunidad para canalizar la energía o generar un cambio.
Tratar de no cazar entre sí las emociones y la personalidad del niño. Ejemplo: tú eres llorón, gritón, tímido, rabioso, etc. Porque este lenguaje puede instaurarse en la persona y pensar que no hay posibilidad de cambiar.
Tome en serio las reacciones de su hijo y hable con él/ella de ellas. Para evitar que en realidad se vuelva una víctima y usted no se dé cuenta por minimizar sus sentimientos.
Acompañarlo a recoger el reguero, explicándole cuáles hubieran sido las opciones adecuadas de reaccionar.