¡Desafíos de la crianza!

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Actitudes afectivas que activan sentimientos de incompetencia en niños/as con dificultades de aprendizaje y de comportamiento.

Caso

« Mauricio tiene 7 años, va a la escuela, cursa segundo de primaria y tiene 2 hermanos mayores. Va a la consulta después de un mes de pasar por una cirugía del apéndice. Lo envía a hablar de su sentimiento de incapacidad para recuperar su movilidad, después de dicho procedimiento.
 
Se siente estresado en todos sus ámbitos de la vida, incluida la relación con sus amigos del barrio. Se tarda mucho en prepararse y en salir de casa. Le pide a sus hermanos y padres que lo carguen, porque cree que si camina, se le salen los órganos internos. Pide que le den la comida, como en el hospital. Si no hacen lo que él dice, se lanza al piso, grita y llora. En la escuela no come si alguien no viene a ayudarle »
 
Algunos niños/as pueden desarrollar creencias profundas, con tal certeza que terminan marcando el curso de su destino a través de ellas, sin ser conscientes de ello. Se culpabilizan de todo sin justa causa, lanzando expresiones tales como: “no merezco ser querido”, “amado”, “respetado”, “no soy digno de amor”, “no tengo capacidades como los demás”, “soy un bueno para nada”, entre otras.
 
Las consecuencias de estas maneras de auto-percibirse afectan las experiencias vividas y acrecientan sentimientos de inferioridad. La potencialización de pensamientos negativos merece una vital atención. Dado que pueden limitar el proceder de la persona a largo plazo. Creando una barrera mental, impidiéndole desarrollar sentimientos de seguridad, autonomía y orientación al logro.
 
Existen métodos para reducir, modificar, reemplazar dichas creencias negativas y erróneas. Es por ello que se recomienda aprovechar la neoplasticidad cerebral en la infancia para restaurar dichas maneras de auto-percibirse. A través de técnicas y terapias cognitivo-comportamentales. Nunca es tarde para descubrir y desarrollar estrategias que nos permitan construir una relación sana nosotros mismos y con los demás.
En estas situaciones los padres necesitan hablar con ellos, tratar de cambiar el lenguaje de incompetencia de los niños/as y reemplazarlos por otro más constructivo.  
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